Ya hace tiempo que un mundo multilateral basado en reglas que puedan controlar los abusos del poder se tambalea ante gobernantes sátrapas que utilizan su poder en beneficio personal. Sátrapas que se ríen de la democracia. Sátrapas que, para empezar las guerras, parece que ya no necesiten ni siquiera una pequeña justificación. Sátrapas sin ningún freno a la hora de asediar y matar a cualquier ser humano, ciudadanos totalmente desprotegidos ante ejercidos organizados y preparados para matar, a menudo con armas dirigidas a distancia. Hablamos de inmigrantes en EEUU, hablamos de Gaza y de Ucrania, pero nunca ha habido tantos países en guerra al mismo tiempo, ni tanta población civil aniquilada como hasta ahora. Los expertos sitúan los conflictos armados en el mundo alrededor de 130, donde los totales de estados no llegan a 200.
Tampoco nunca se ha actuado con tanto cinismo: recién nacidos acusados de terrorismo por Netanyahu; invasión de Ucrania, acusándola de ser un país fascista; bombardeo indiscriminado de barcas en Venezuela por Trump, acusándolas de pertenecer a narcotraficantes, sin ningún tipo de comprobación; ataques “preventivos” en Irán en plenas negociaciones y amenazas de invadir y apropiarse de otros países, como Groenlandia, Cuba, México o Canadá, por parte del país democrático más antiguo del mundo, como EEUU. El mundo no cambia al mismo ritmo que hace unos pocos años: el cambio climático y el agotamiento de los combustibles fósiles; el cambio tecnológico, cada vez más demandante de energía y tierras raras; la facilidad de acumulación de la riqueza en pocas manos; la sensación de fragilidad de la mayor parte de los ciudadanos y la percepción de que tener un trabajo no posibilita vivir dignamente; el incremento de las migraciones, facilitadas por las desigualdades sociales, los conflictos bélicos y la necesidad de mano de obra de los países industrializados provocan contradicciones sociales. Muchas veces estos cambios tan rápidos nos quitan objetividad en nuestros análisis o nos abocan a recibir falsas noticias con naturalidad. En un mundo en el que cada vez hay más individuos y menos colectividad, las falsas noticias a menudo generadas por los mismos sátrapas y difundidas sin conciencia suficiente por millones de seguidores de redes sociales, amplifican su importancia. Estas situaciones hacen tambalear la credibilidad de las democracias y nos sumergen en un mundo lleno de peligros nuevos, un mundo donde los avances civilizadores más palpables parecen desvanecerse y para el que hay que prepararse más que nunca.
Lo tenemos muy cerca. La Unión Europea, en un momento en el que hay que defender sus principios fundacionales, parece olvidarlos y cuanto más necesaria sería su cohesión duda frente a los sátrapas que quieren dominar el mundo.
En nuestro país la derecha justifica el ataque unilateral e ilegal de un país, por otro si no les gusta su gobierno. ¿De verdad se lo creen? ¿Dónde está aquella derecha civilizadores que durante décadas había contribuido a la democracia?
¿Todo va mal? No.
Este último año hemos celebrado el aniversario de nuestra democracia y la recuperación de las libertades y la entrada de Portugal y España en la Unión Europea. Durante estos años hemos aprendido a tomar decisiones colectivas con otros países de Europa y a descentralizar nuestro país. No hace tanto que no había libertad de prensa y España ostentaba la vergonzosa cifra de un 20% de analfabetismo. En estos últimos años han aumentado las desigualdades en el mundo, pero ha disminuido la pobreza. España se ha industrializado y aumenta su adaptabilidad a las nuevas energías y el gobierno no se deja arrastrar por las corrientes ideológicas basadas en la ley del más fuerte. Corrientes ideológicas que nos recuerdan al feudalismo y al derecho de pernada. Ante los cambios geopolíticos que arrasan el mundo, todavía mantenemos la dignidad como país.
Pero el balón no puede dejarse enteramente en manos de los gobiernos. Más que nunca son necesarios ciudadanos organizados en todo el mundo. Organizados para defender cosas sencillas pero muy potentes. Son principios básicos civilizadores. Son los principios de priorizar las reglas del juego, los derechos humanos, el entendimiento ante la agresión o la lucha por combatir las desigualdades. Para ello hay que unirse y defender los derechos colectivos.
No es por casualidad que este año Federalistas de Izquierdas-UEF Catalunya se ha comprometido a organizar tres actos consecutivos el mismo fin de semana, del 20 al 22 de marzo: el Congreso Español y el Congreso Europeo de la Unión de Europeistas Federalistas. Entre uno y otro realizaremos una tertulia para conmemorar los 30 años de la Conferencia de Barcelona, símbolo y herramienta para el trabajo conjunto entre los países que tenemos en común el mar mediterráneo.
Lo hacemos porque estamos determinados a facilitar el debate público y promover propuestas en el seno de la Unión Europea y por la colaboración con nuestros vecinos. Lo hacemos para renovar nuestro compromiso por trabajar por una España Federal en una Europa Federal y socialmente justa. Teniendo en cuenta que el federalismo es mucho más que una forma de organizar el Estado. Es, sobre todo, una forma de resolver los problemas; es la forma de generar sociedades cohesionadas y tolerantes; es la forma de encarar los problemas y las diferencias de forma pacífica y constructiva en la consolidación de lo que nos une, a través del reconocimiento y la empatía. Por eso seguiremos defendiendo nuestros valores y por eso creemos que agachar la cabeza delante del autoritarismo es la peor forma de afrontar la realidad actual. Decimos viva la Europa de los valores y la solidaridad; viva el multilateralismo y el derecho internacional y decimos viva a un país que defienda estos valores en el concierto internacional.

