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«El por ahora último despropósito de la gestión del estado de alarma por parte del Gobierno de la Generalitat constituye un error mayúsculo, sobre todo por sus consecuencias prácticas y cotidianas en la vida de más de un millón y medio de personas: los residentes en la ciudad de Barcelona. El Ministerio de Sanidad, en una muestra muy clara de su voluntad de cogobernanza con todas las comunidades autónomas, aceptó en su momento la propuesta hecha por el Departamento de Salud de la Generalitat, que rechazó la división por provincias y propuso como alternativa las regiones sanitarias. El resultado ha sido que, al pasar al nivel 1, la ciudad de Barcelona ha pasado a ser una isla de la que nadie puede salir ni entrar.»

Barcelona no es una isla (El Plural, 26 de mayo de 2020)