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“Si ser obrero hace años no era ninguna ganga, ser pobre sistémico se ha convertido en una profesión de riesgo. Incluso en esta Cataluña que se dirige al paraíso social —según algunos independentistas— un ciudadano que cumpla las condiciones para percibir la RGC puede dejar de hacerlo por vivir realquilado tras ser desahuciado. La sospecha de que tras esta pesadilla burocrática se esconde el recorte social cobra todo el sentido cuando la Síndica de Greuges de Sabadell es capaz de detectar que solo el 4,5% de las personas sin hogar de su ciudad son beneficiarias de la RGC. Quizás las cosas no han cambiado tanto respecto a cuando era consejero Francesc Xavier Mena, allá por 2011. En aquel año ya se procedió a recortar las ayudas del equivalente de entonces de la RGC —la Renta Mínima se Inserción (RMI)— porque, según el relato oficial, muchos magrebíes la cobraban y se iban a su país a vivir como sultanes.”

Ser pobre,  profesión de riesgo  (El País, 23 de noviembre de 2019)