EditorialGeneralOpinión

Conocéis la historia: hace tres años, Oscar Campos impulsó la creación y el inicio de las actividades de “Proactiva Open Arms”, una ong que tiene por misión impedir que el Mediterráneo sea un cementerio de refugiados que intentan llegar a Europa desde el norte de África. Tras el cierre de las costas griegas (consecuencia del innoble acuerdo entre la UE y el gobierno de Turquía, que Federalistas d’Esquerres ayudamos a llevar a juicio), los flujos de personas inmigrantes desde África central o refugiadas del próximo Oriente se han reorientado hacia las costas libias, para intentar desde allí el salto hacia Europa.

Es inútil intentar imaginar el sufrimiento de los que recorren estos itinerarios. Por el camino, son asaltados, maltratados, robados, violados o abusados ​​de mil maneras. Pero en las playas libias, bandas de malhechores los colocan a precios altísimos dentro de embarcaciones menos que precarias, que abandonan en alta mar, sin combustible ni alimentos ni posibilidades de llegar a ninguna parte.

Y es aquí donde interviene la solidaridad civil, como la de la ong de la que hablamos. Desde su entrada en marcha, han sido miles los refugiados abandonados que han sido salvados por su barco: rescatados y trasladados a puerto seguro, desde donde intentan moverse y recomenzar una vida digna. Y ciertamente, también con grandes dificultades para las zonas de acogida, ya sea la isla de Lampedusa o Sicilia.

Y es aquí donde ha estallado el problema. Si las actitudes racistas o xenófobas ya se habían hecho sentir, la victoria electoral de las derechas duras en las elecciones italianas del 4 de marzo se han traducido ya en la actuación de la fiscalía italiana contra Open Arms, el secuestro de su barco y la amenaza de una sanción tremenda: 15.000 euros para cada una de las personas rescatadas y llevadas a tierra el 17 de marzo…

El crecimiento de los movimientos nacionalistas, empeñados en el cierre de fronteras y en el aislamiento, en la absurda creencia de que así los problemas dejarán de existir, es hoy un reto formidable ante el que los ciudadanos y las entidades progresistas, solidarias, debemos reaccionar. No se trata de política: se trata de ayudar a gente que se mueve entre la vida y la muerte. La solidaridad con Open Arms se puede materializar de mil maneras (ver su página web: https://www.proactivaopenarms.org/es/como-ayudar), y nos convoca a todos; no se puede asistir pasivamente a la lucha entre la solidaridad humana y la barbarie nacionalista.

Joan Botella, presidente