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El viernes 1 de diciembre, la Casa de la Cultura de Sant Cugat del Vallès acogió el acto «¿Qué nos ha pasado? Ética y federalismo «con la asistencia de unas 100 personas. La primera parte, presentada por la escritora Dolores Renau se centró en un análisis de la situación actual desde un punto de vista sociológico y filosófico. Intervinieron José María Asensio Aguilera, catedrático de Teoría de la Educación (UAB) y autor de «La fragilidad del grupo frente al nacionalismo» y Carmen Serret, profesora de Ciencias de la Educación (UAB).

Asensio explicó que paralelamente a la construcción y federalización de Europa, donde España al mismo tiempo que se ha descentralizado ha cedido competencias en Europa, en Cataluña, a contracorriente, se ha ido construyendo un repliegue nacionalista para volver al pasado, mediante la construcción de una identidad única. Este nacionalismo ha utilizado todos los mecanismos típicos, como son la polarización de la sociedad entre «ellos» y «nosotros», la perversión del lenguaje y de la historia, la contaminación de los espacios con himnos y banderas. La transformación de la soberanía desde la ciudadanía hacia un ente abstracto que se llama el pueblo de Cataluña. Con esta transferencia a servir a un ente superior, lo que se hace es abrir la puerta al totalitarismo y la pérdida de la democracia, donde todo se justifica por la consecución del bien superior.

Según Asensio, todo ello lleva aparejado el sometimiento de los ciudadanos a un estrés e incertidumbre constante. Recordemos las hojas de ruta sucesivos donde en cada uno de ellos ya seríamos independientes a los pocos meses, o las amenazas que el gobierno español llevaría los tanques, el recordatorio constante de la derrota de 1714, el minuto 14 de las 17h siempre que hay partido, la asistencia a las manifestaciones siguiendo coreografías determinadas y con vestimentas programadas.

Asensio explicó que se ha seguido un proceso donde primero se han marcado las diferencias, no sólo con el resto de españoles, sino entre nosotros, después las incompatibilidades y la generación de una confianza en que nosotros somos superiores, por eso sólo lo haremos mejor. Ha desaparecido la ideología (derechas e izquierdas), ha habido control de las instituciones, los medios de comunicación y de la educación.

Carmen Serrat, por su parte, puso énfasis en las emociones y los sentimientos, en la necesidad de ganar espacios para la convivencia con confianza. Recalcó la dificultad en mantenerse crítico frente al nacionalismo, ya que esto implica la soledad. La ética es preocupación por el otro, por eso la política sin ética, es simplemente un ejercicio del poder. Sin ética, se daña la confianza y el diálogo social. En nuestro caso, la libertad individual es ser responsables de nosotros mismos. Libertad es el ejercicio de la duda, pero la libertad significa soledad, impotencia, precariedad y miedo. El éxito de los nacionalismos se debe a que los humanos tenemos miedo de la exclusión.

Serrat concluyó que una de las mayores fragilidades que podemos tener, es que nos pueden robar nuestras emociones para ponerlas al servicio de una ideología, desde donde ya no es posible soñar ni vivir.

En la segunda parte del acto, se abordó el federalismo como solución. En primer lugar intervino José Luis Atienza, co-portavoz del espacio Comunes Federalistas y miembro de Federalistas de Izquierdas. Atienza, recalcó la importancia de manifestar la opinión públicamente, porque era la única manera de combatir el aislamiento y conseguir la confianza, haciendo el símil con «alcohólicos anónimos» o «salir del armario». Recordó la manipulación que ha hecho el nacionalismo con los valores de la izquierda y la distorsión de las luchas por la libertad y la democracia y recalcó los valores del federalismo frente al nacionalismo.

Cerró el acto Mireia Esteva, ex consultora de la OPS y vicepresidenta de Federalistas de Izquierdas, explicando porque cree que el federalismo es la solución a los conflictos identitarios, haciendo un recorrido por sus principales valores:

El federalismo plantea la repartición del poder y permite superar la visión vertical, jerárquica, piramidal del Estado para una versión horizontal, competencial de ámbitos diversos y coordinados. En un estado democrático establece la división de poderes entre el legislativo, el judicial y el ejecutivo. En un estado federal, además, se establece una división de poderes entre las diferentes unidades que forman parte.

El Estado Federal es un estado constitucional sin soberano, donde los poderes se distribuyen y se limitan, pero también se someten a la Constitución. El principio de jerarquía se sustituye por el de competencia y el de soberanía queda restringido al momento constituyente y recae en la ciudadanía. El federalismo podría ser el sistema que tendría más derecho a defender la libertad, la igualdad y la fraternidad, ya que articula la soberanía con la solidaridad, la diferencia con la cohesión, la lealtad al conjunto y el respeto a los estados o territorios federados. El federalismo implica corresponsabilidad fiscal, solidaridad interterritorial, autogobierno, pero también de cohesión social y defensa del Estado del Bienestar.

El federalismo permite superar la insostenible ecuación de que cada nación le corresponde un estado y en cada estado una nación, ya que institucionaliza el pluralismo ideológico, cultural y territorial como un valor político, sin cosificar las identidades ni las hace excluyentes, sino que las hace compatibles y superpuestas. A diferencia del nacionalismo, el federalismo puede ser plurinacional.

En España, tenemos un sistema casi federal muy descentralizado administrativamente, pero faltan los mecanismos de co-decisión. Se ha descentralizado en el gasto pero no en la recaudación. Esto hace que las unidades territoriales no se sientan responsables del conjunto. El Senado no es una verdadera cámara territorial, como debería ser en un estado federal. Una reforma de la Constitución que profundizara en el Estado Federal podría ser la solución. (Por Mireia Esteva)