«[…] he vivido más años fuera de mi país que en él. He estudiado, he trabajado, he amado; he vivido en lenguas que no son mías por nacimiento, pero que he habitado hasta el punto de convertirlas en lenguas de creación. Gracias a la literatura, al arte y a los vínculos afectivos que he tejido a lo largo de los años, he podido mantenerme fiel a esa idea de que Europa es un diálogo incesante entre culturas, entre formas de ver el mundo. Escribir en una lengua distinta a la materna no ha significado en mi caso un exilio, sino una manera de ensanchar mi identidad».
Mi Europa, por Corina Oproae (El País, 11 de mayo de 2025).

