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“La industria de fabricación y distribución de mentiras a escala mundial tiene un objetivo político: romper la relación de confianza que los ciudadanos tienen con sus instituciones públicas y con los medios de comunicación. Es decir, dinamitar la base de convivencia de una democracia liberal. Las narrativas de la desinformación y la mentira se han convertido en la base ideológica de movimientos antisistema de toda condición, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por populismos, nacionalismos y extremismos religiosos.”

La banalidad de la mentira (El País, 8 de agosto de 2019)