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“Cuando salíamos del cementerio de Colliure andando deprisa, como si huyéramos otra vez, después de 80 años, esta vez de gritos e insultos inesperados, Nicolás Sánchez Albornoz se colgó de mi brazo, o tal vez yo del suyo. Estaba nerviosa y muy enfadada, supongo que ni más ni menos que los demás. Entonces, desde una loma cercana donde había un grupo muy pequeño, seis personas y otras tantas esteladas, un hombre nos llamó fascistas. Llamó fascista tres veces a Nicolás Sánchez Albornoz, un antifascista de 93 años, militante antifranquista en la universidad, detenido en 1947 por hacer una pintada en un muro de la Complutense, condenado a trabajos forzados en el destacamento penal de Cuelgamuros, del que consiguió escapar al año siguiente en una fuga legendaria, para marchar al exilio, del que no volvió hasta después de la muerte del dictador. Nicolás salía del cementerio de Colliure tras visitar la tumba de Antonio Machado y le gritaron “fascista, fascista, fascista”.”

24 de febrero de 2019 (El País semanal, 17 de marzo de 2019)