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“Una sociedad que marca y hace escraches a quienes no piensan correctamente, que utiliza un color como el amarillo para señalar las casas de los que no son parte del proyecto independentista, está rozando la frontera que limita con el peor peligro para la ciudadanía.

Los símbolos no ofenden, pero la fiebre amarilla constituye la expresión burda del control del territorio y de las comunicaciones que el independentismo no supo poner en marcha una vez declarada unilateralmente la independencia. Ahora se quiere hacer pagar su fallo y su debilidad a todos los ciudadanos con un acoso ideológico que se impone como un castigo de la mitad de Cataluña a la otra mitad.”

Fiebre amarilla, por Lluís Bassets, El País (30/04/2017).