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Mas deja ahora la presidencia del PdeCAT, un partido desdibujado por el empuje caudillista de Carles Puigdemont, el hombre que él ungió como sucesor. Los tiempos no le son propicios. Convergència ha desaparecido, su viejo tesorero, Daniel Osácar, está implicado en el caso Palau, y el fiscal le pide seis años de prisión. Con el partido convertido en una suerte de asamblea de facultad, el sucesor de Pujol busca tranquilidad y trata de huir del laberinto que el mismo contribuyó a tejer para sobrevivir con la apuesta soberanista. Tiene causas pendientes, está inhabilitado por dos años, espera la sentencia del caso Palau y cree que ha llegado el momento de tomarse un respiro ante ese procés que devora a sus hijos. Pero Mas no arroja definitivamente la toalla. No renuncia. «Artur Mas. El Moisés que fue tecnócrata» (El País, 13 de enero de 2018)