(por Beatriz Silva y Santiago Vallejo) ¿Qué paralelismos existen entre la situación de Quebec en Canadá y la de Cataluña en España?¿Cómo ha servido el federalismo para permitir la acomodación de la diversidad dentro del marco jurídico, político y social del país?¿Hacia dónde va el federalismo del siglo XXI?

Son algunas de las cuestiones que abordaron el profesor de Derecho Constitucional de la Universida de Sherbrooke (Quebec), Maxime St-Hilair,e y el decano de Ciencias Políticas de la UAB y presidente de Federalistes d’Esquerres, Joan Botella, en una entrevista en formato de conversación con motivo de la visita del académico canadiense a Barcelona el pasado 29 de mayo.

St-Hilaire recordó que la federación canadiense fue la primera que nació en el mundo con el objetivo de acomodar las minorías nacionales y explicó cómo en Quebec prevalece actualmente una visión del federalismo que lo interpreta como una fórmula que permite la convivencia de dos naciones: Quebec y la nación anglófona del resto de Canadá. Una visión que, sin embargo, no es compartida por la población anglófona del país que tiene una visión más compleja y académica del federalismo.

“En Canadá también tenemos tres tendencias en lo que respecta a la organización del país: una más centralista, otra que cree en una unión descentralizada y la que conforman los que apoyan la secesión de Quebec de Canadá”, señaló St-Hilaire que apuntó que la política lingüística desarrollada en las últimas décadas en el país ha tenido como resultado que dentro de Quebec hay mucho reconocimiento de los derechos linguisticos de cada comunidad pero no sucede lo mismo en el resto del país, una cuestión que ha derivado en recursos judiciales que han llegado hasta el Tribunal Supremo.

Joan Botella explicó, por su parte, la situación de la política lingüística en España que ha permitido el desarrollo y uso de lenguas propias dentro de las comunidades pero no el reconocimiento de estas lenguas a nivel de todo el Estado y también cierto conflicto entre comunidades linguisticas.

Respecto a la situación actual en Canadá, Maxime St-Hilaire explicó que “existe un grave problema en relación con los aborígenes y sus derechos históricos que no se han tenido suficientemente en cuenta en el sistema legal. Ahora tenemos que reconsiderar el federalismo canadiense con el fin de reconocer y acomodar los derechos históricos de los aborígenes  y fortalecer el rol de ellos dentro del propio sistema”, subrayó.

También se interesó en la situación de Cataluña y de Bélgica y Joan Botella le explicó las carecterísticas del estado autonómico. “España ha desplegado una importante descentralización pero la organización central ha cambiado muy poco desde el sistema centralizado de estilo napoleónico. A raíz de la crisis económica de los últimos años, el gobierno central ha reforzado su poder valiéndose del hecho de que ante las instituciones europeas es quien tiene el poder”, señaló.

Analizando la situación política de Cataluña, Maxime St-Hilaire apuntó que el nacionalismo quebequés tiene una expresión denominada “Pouvoir Constituent”, parecida al “derecho a decidir”, que se podría entender como derecho de autodeterminación del pueblo quebequés o derecho del pueblo quebequés a decidir su futuro. “Quebec no buscó el acuerdo con el resto de Canadá cuando organizó los dos referéndums. En este sentido, la gestión que se hizo en Escocia con el referéndum (que surgió del acuerdo entre la autonomía escocesa y el gobierno central) fue una manera mucho mejor de organizar los referéndums a diferencia de lo que sucedió en Quebec”, señaló comparando la situación de Quebec y Escocia.

Recordando la época de los dos referéndum en Quebec, St-Hilaire subrayó que las relaciones personales y políticas han mejorado mucho entre las comunidades anglófonas y francesas a diferencia de lo que sucedió en los años 60, 70 y 80. “Dentro de Quebec, hay que diferenciar la ciudad de Montreal, que es más liberal y donde prácticamente no existen tensiones sobre  políticas nacionalistas, de las poblaciones del este, las “Eastern Townships”, donde la política nacionalista y lingüística es más marcada”, puntualizó.

El académico canadiense destacó también que, según su opinión, el federalismo debería entenderse como un proceso dinámico, “esto ayudaría a reducir los miedos para discutir ciertos temas, llegar a acuerdos y poder modificar, en un momento dado, la Constitución de un país. La capacidad de modificar la Constitución es un elemento muy importante si se quieren evitar la existencia de graves tensiones políticas en un país”, indicó.