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El 9-N no solo movilizó a los ciudadanos proclives a la independencia o que apoyan a los partidos convocantes, sino que también llevó a las urnas a un número significativo de votantes adicionales

Los más de dos millones de participantes del domingo, ¿son muchos o pocos? Esta es la primera pregunta que hay que hacerse, y no tiene una respuesta fácil. En primer lugar, el proceso participativo en que se había convertido el 9-N después de la primera impugnación del Gobierno central es un acto inédito en el país, de manera que hace imposible la comparación. Además, el censo de partida no se correspondía con el censo electoral, ya que sumaba a los ciudadanos de 16 y 17 años y a los residentes de nacionalidad no española. Ello hace que no sea válida la comparación del porcentaje de participación de este acto con el de cualquier elección, ya que parten de universos diferentes.

¿Cómo responder entonces la pregunta? Una manera (no la única) es calcular el número de electores catalanes que apoyan la opción independentista y a partir de aquí comprobar si el número final de participantes en el 9-N supera esta cifra o queda por debajo, de modo que se puede tener una idea aproximada sobre el éxito o el fracaso de la convocatoria. Pero este no es un ejercicio exacto. No es sencillo calcular cuántos independentistas hay en Catalunya. En primer lugar, porque hay que hacerlo mediante una encuesta, que es un instrumento que sufre múltiples desviaciones y que solo puede servir como estimación aproximada. En segundo lugar, porque al acto del domingo no estaban llamados exclusivamente los electores, sino un número mayor de estos.

CEO y voto real

Ahora bien, asumiendo el riesgo que comporta el ejercicio y previniéndonos de la desviación mediante una ponderación del recuerdo de voto, podemos calcular en base a los datos del sondeo más reciente (el del Centre d’Estudis d’Opinió publicado hace unos días) el número de electores catalanes que dan apoyo a la independencia: el 36,2%, lo que traducido en cifras absolutas da un total de 1.900.000. Habría otra manera de calcularlo, que evitaría los riesgos de la encuesta, aunque también tiene sus propios problemas. Consistiría en recontar el voto real obtenido por las fuerzas que respaldaban el 9-N. Si tomamos las últimas elecciones al Parlament, el voto conjunto de CiU, ERC, ICV-EUiA y CUP suma un total de 2.100.000 sufragios.

Ambas cifras quedan un poco por debajo del total de participantes del domingo, lo que equivaldría a decir que el 9-N no solo movilizó a los ciudadanos proclives a la independencia o que apoyan a los partidos convocantes, sino que también llevó a las urnas a un número significativo de votantes adicionales.

Los resultados (ya con el 100% escrutado pero sin contar los votos del extranjero, que aún tardarán varias semanas) nos sirven para afinar en la naturaleza familiar del 9-N. El 80,7% del sí-sí pone de relieve que este proceso ha movilizado principalmente a los partidarios de la independencia, que según las encuestas eran el grueso mayoritario de los electorados de las fuerzas políticas convocantes. Según el último barómetro del CEO, la mayoría de los votantes de CiU, ERC y CUP mostraban intención de optar por el doble sí en caso de celebración de la consulta. Los de ICV-EUiA se mostraban divididos.

Según este mismo sondeo, de los que declaraban intención de participar en una consulta similar, el 58% decían que optarían por el sí-sí, por un 23% que votaría no y un 15%, sí-no. Las desviaciones de estos datos respecto al voto final del domingo muestra claramente el hecho de que la llamada a participar ha tenido un efecto diferente en función de la opción de voto: ha movilizado al sí-sí (+22%) y no ha incentivado la participación del no (-18%). El tortuoso camino de la consulta desde el anuncio de la fecha y la pregunta hasta el domingo posiblemente explica buena parte de estos movimientos.

Por lo que respecta al porcentaje de sí-no, también ha sido inferior a lo que pronosticaba la encuesta (-5%), pero no tanto como el voto negativo, lo que posiblemente habría que atribuir a la impugnación del Gobierno central. Es una suposición que habrá que comprobar en una encuesta posterior, que esperamos que aclare las dudas que ha dejado el 9-N.

(El Periodico, 11 de noviembre de 2014)