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El convulso panorama político, Catalunya y el parón a las reformas auguran un incierto futuro a España

A España se la presenta en otros países de la zona euro como ejemplo de los beneficios de las reformas estructurales. Es así, hasta cierto punto. Pero el país tiene problemas: la previsión es que la tasa de desempleo acabe el próximo año en un tremendo 23,5%, abundan los escándalos de corrupción que afectan a los tradicionales partidos de Gobierno y la deuda pública aún sigue subiendo.

Mientras, muchos catalanes hacen campaña por la independencia. Este fin de semana Catalunya celebró una votación no oficial sobre si se separa de España. El próximo movimiento probablemente serán las elecciones autonómicas. ERC, un grupo nacionalista radical, se convertiría entonces en el principal partido en lugar de los nacionalistas moderados que gobiernan ahora.

ERC quiere declarar la independencia unilateralmente. Tal decisión probablemente supondría que deberían tomarse medidas de control de capitales en Catalunya, ya que la gente trataría de vaciar sus cuentas de los bancos. También implicaría que la Generalitat caería en impagos si Madrid deja de enviarle dinero. Dado que esto sería económicamente desastroso, ERC probablemente no obtendría el apoyo del nacionalismo moderado para la declaración unilateral de independencia. Pero el tema catalán seguiría siendo una herida abierta.

La desacreditada clase política en España está perdida sobre qué hacer al respecto. El inicial celo reformista del Gobierno se ha desvanecido. El partido socialista en la oposición tiene un nuevo y joven líder, Pedro Sánchez, que se esfuerza en dar con una política económica coherente. Su idea más notable es dar marcha atrás a la reforma laboral, que ha sido la política más exitosa del actual Gobierno.

Esto ha dejado un gran espacio para Podemos, un partido populista de izquierdas. Podemos quiere limpiar la política, lo cual es bueno. Pero sus líderes simpatizan con el chavismo: quieren reducir la edad de jubilación a 60 años, auditar la deuda del país antes de cancelar parte de ella, y garantizar a todo el mundo unos ingresos mínimos. Si un programa así alguna vez se pusiera en práctica, España se encaminaría hacia el impago y la salida del euro. De hecho, lo que el país necesita es una segunda oleada de reformas. De entrada, otra dosis de reforma laboral, ya que quienes tienen puestos de trabajo indefinidos mantienen privilegios excesivos con el resultado de que la mayoría de los puestos de trabajo que se crean son contratos a corto plazo. Los impuestos sobre el trabajo deben recortarse y ser reemplazados por impuestos sobre el gasto, para fomentar la creación de empleo.

Desafortunadamente, el pronóstico no es bueno. Es improbable que tras las próximas elecciones alguno de los tres principales partidos -PP, PSOE y Podemos- logre una mayoría suficiente. Ninguno de ellos será capaz de llegar a un acuerdo de legislatura con los partidos catalanes, a menos que ofrezcan un referéndum, y los demás grupos parlamentarios no cuentan porque son demasiado pequeños. Como consecuencia, dos de los tres grandes partidos probablemente necesitarán coaligarse para alcanzar una mayoría. Pero esto será tan extraño como un apareamiento entre elefantes y rinocerontes. Una alianza Podemos-PSOE es no es inconcebible, ya que aunque ninguno de los dos partidos lo quiera, sus partidarios pueden empujarles a ello. El problema es que las políticas económicas que entonces surgirían serían muy poco atractivas.

Una gran coalición entre los conservadores y los socialistas sería la mejor apuesta. En tal situación, Rajoy podría tener que dimitir como presidente para dar paso a alguien, ya sea de su propio partido, como la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, o de otro, como el socialista Sánchez. Una gran coalición también sería la mejor manera de resolver la situación catalana. Antes de que a Catalunya se le pueda permitir votar, la Constitución tendría que ser cambiada, lo cual requiere una supermayoría en el Parlamento y un referéndum entre todos los españoles.

Pero socialistas y conservadores serán reacios a alcanzar un pacto, no solo debido a su rivalidad tradicional, sino porque un acuerdo de este tipo le haría el juego a Podemos, ya que parecería dar validez a su argumento de que los dos partidos son igual de malos. El advenedizo partido estaría entonces bien situado para alcanzar el poder en las siguientes elecciones generales, de la misma manera que el partido Syriza, la izquierda radical de Grecia, parece que va a ganar las próximas elecciones de ese país después de que los conservadores y los socialistas formaran una gran coalición. España se encuentra en un camino muy difícil.

Hugo Dixon es editor a Reuters y fundador de “Breakingviews”

“El Periódico de Cataluña”, 10 de noviembre.