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Se acerca el nuevo 9-N y aún no se sabe bien qué pasará: si será un órdago, una consulta de chichinabo, «una votació de fireta», todo quedará en agua de borrajas suspendido en el último momento, o bien el viaje a Ítaca continuará con el viento a favor

Un amigo me pregunta si chichinabo existe. Como no entiendo la pregunta, me aclara que no sabe si es un lugar real -como los cerros de Úbeda- o uno de ficción -como la Ínsula Barataria-. Chichinabo se le aparece como un lugar fuera de la ley, una especie de Ciudad sin Nombre, donde Cristo perdió la alpargata.

Ha oído que en castellano algún político se refiere al 9-N como «una consulta de chichinabo» y él solito ha hecho volar la imaginación. La palabra figura en el diccionario y forma parte de la expresión «de chichinabo», fusión de la locución original «de chicha y nabo» que hace referencia a una cosa de poca importancia.

Cuando el president Mas anunció el nuevo 9-N, ahora transformado en un proceso participativo (ni referéndum ni consulta), Alicia Sánchez-Camacho dijo en catalán que era «una consulta de fireta». En castellano también se dijo que era «una consulta de feria», pero el genio del idioma la llevó hacia «una consulta de chichinabo». Mientras el president hace ya tiempo que puso rumbo a Ítaca, otras voces descalificadoras la convirtieron en un «ArenysII», elevando la población del Maresme a referente soberanista. Pero ninguna como chichinabo. Francesc-Marc Álvaro la escogió para traducir al castellano la fireta de Camacho.

A buen seguro que a partir de ahora ese vocablo se revitalizará. Las palabras también son víctimas de la moda. Alguien pronuncia una que toma relevancia informativa y acto seguido los hablantes la recuperan con renovada vitalidad.

El «desafío independentista», como lo llaman los contrarios al proceso, también es un órdago, palabra del mus que ha arraigado en el lenguaje político y periodístico incluso en Catalunya, donde este juego de naipes no es tan popular como en otras zonas peninsulares. En los medios se «lanzan órdagos» a diestro y siniestro

y ahora mismo es una de las palabras más populares exportadas por el euskera. Por cierto, por si a alguien le interesa, significa ahí está.

Se acerca el nuevo 9-N y aún no se sabe bien qué pasará: si será un órdago, una consulta de chichinabo, «una votació de fireta», todo quedará en agua de borrajas suspendido en el último momento, o bien el viaje a Ítaca continuará con el viento a favor. El día 10 el enigma se habrá resuelto y entonces cada uno hablará de la feria según le habrá ido. Es lo que tiene la perversión del lenguaje político: yo gano, nosotros perdemos.

(La Vanguardia, 26 de octubre de 2014)