El presidente Mas, buscando el didactismo, adorna los discursos con metáforas marineras, pero también mitológicas y bíblicas. Este es el decálogo
1. El mar y las olas
El estado del mar, de la mar calma al mar embravecido, incluso lleno de tiburones, es omnipresente en los discursos del president. Según de dónde sople el viento y su intensidad, habrá que navegar de un modo u otro, a pesar de los fuertes vientos y las altas olas. Y si en lugar de navegar, nadamos, Artur Mas también tiene imágenes acertadas. Hay dos maneras de pasar una ola: por encima, y nos lleva donde ella quiere, o por debajo, de manera que controlamos hacia dónde vamos. Cuando se mueve en el medio marítimo, el president atina.
2. A motor o a vela
Antes de anunciar el nuevo 9-N, Mas nos ilustró con los matices de la navegación a motor y a vela. Con la consulta convocada según la ley aprobada por el Parlament, el proceso soberanista navegaba a motor. Si fallaba el motor, es decir, si el Constitucional suspendía la ley de Consultas y el 9-N, no había nada que temer: habría llegado el momento de desplegar las velas y seguir adelante esperando que los vientos fueran favorables: «No podemos cambiar los vientos, pero sí mover las velas», dijo en otra ocasión. Ahora ya estamos en este momento y nadie sabe exactamente de dónde sopla el viento ni si se llegará a buen puerto.
3. El timón y el timonel
La del timón es la metáfora más justificada, por el regalo de su padre. El timonel llevando la nave es una figura antigua ya en política, pero tiene un problema: Mao Zedong se la quedó en exclusiva cuando fue bautizado como el Gran Timonel. Por ello, cualquier referencia al timonel tiene el problema de que más de uno no puede dejar de pensar en el líder comunista. Mucho antes de que Pujol confesara, Mas se refería a él como el buen timonel que había sabido dirigir el barco del catalanismo. ¡Ay!
4. El viaje a Ítaca
Gracias a Homero sabemos la historia del famoso héroe griego Odiseo (Ulises para los romanos). El rey de Ítaca, conocido por su ingenio y astucia, después de la guerra de Troya retornó a Ítaca, pero el viaje fue un «camino largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias». En el siglo XX, el poeta griego Kavafis actualizó el viaje a Ítaca y Lluís Llach lo musicó. Es la obra de madurez del cantante ampurdanés y un punto de referencia del catalanismo moderno que el president ha convertido en una de las metáforas del camino hacia la independencia. Él pronuncia Ítaca, con una correcta esdrújula, no llana como la popularizó Llach. Lo que quizás no ha tenido en cuenta Mas es que lo importante es el camino, no tanto llegar al destino (o quizás sí que lo tiene en mente y es precisamente lo que quiere decir): «Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, / enriquecido de cuanto ganaste en el camino/ sin aguardar a que Ítaca te enriquezca».
5. David y Goliat
Una de las historias más célebres y recurrentes del Antiguo Testamento es la de David y Goliat. El futuro rey de Judá venció al gigante filisteo no con fuerza, sino con astucia. Al ser pastor, era muy diestro con la honda para defender a su rebaño de otros animales que querían atacarlo, y de una pedrada lanzada con buen tino dejó inconsciente a Goliat: la astucia del pequeño (Catalunya), ante la fuerza del gigante (el Estado). La metáfora es acertada, pero como Mas no se esconde detrás de ninguna pantalla de plasma, responde a muchas preguntas. De tanto hablar, acaba alardeando de su astucia, lo cual es un contrasentido. Y pasa de la metáfora de la piedra en la mano al as en la manga del juego de naipes con elasticidad encomiable.
6. Una figura de porcelana fina
La unidad de los partidos soberanistas ha sido metaforizada como una figura de porcelana fina: objeto que hay que tratar con cuidado para que no se rompa. La imagen es buena, pero se habría podido mejorar, por ejemplo, refiriéndose a un mosaico, que está formado por varias piezas y que sólo tiene sentido si estas se mantienen unidas. En cualquier caso, la imagen ha tenido largo recorrido y, quizás por eso, tanto ir el cántaro a la fuente, al final se rompe. Y si se rompe, hay que pegarla con Super Glue -como dijo Cuní- o con cualquier otra cola, pero no soldarla, como dijo Mas.
7. El Principito
Lejos de las metáforas marineras, el día de Sant Jordi del año pasado el president aprovechó la coincidencia con el 70.º aniversario de El Principito para comparar Catalunya con una rosa, a la que hay que cuidar aunque «tiene algunas espinas, pero sobre todo tiene la flor». Y planteó el derecho a decidir como el derecho a «cuidar nuestra rosa, sin más tutelas que las escogidas». Lejos del mar, las metáforas del president no van viento en popa. Parecen bonitas, pero se sostienen a medias y no transmiten un mensaje potente.
8. Trenes en otra vía
La metáfora del choque de trenes no es de Mas, claro, pero es lógico que, con tanta circulación de convoyes, haya dicho su parecer: «Mucha gente de este país ya no circula por la vía del choque de trenes, sino que circula por otra vía». Es la otra dimensión, es la desafección, es la manera de ilustrar que los ciudadanos que están a favor del proceso soberanista se han ido de la corriente principal y ya circulan por las vías alternativas.
9. El coche y el retrovisor
«Cuando estamos en ruta, obviamente debemos mirar adelante, pero sin olvidar que a través del retrovisor hemos de saber qué ha pasado o qué está pasando detrás. Y los actos del tricentenario nos sirven para eso». Es otro de los ejemplos de figura no marítima que se entiende, pero que no es suficientemente clara ni plásticamente bonita.
Y bajando al terreno deportivo, campo abonado para la retórica, en la presentación de la Supercopa de Catalunya, el president reconoció: «Hoy, el partido que tengo en la cabeza es otro». Y remachó: «Espero que haya una gran participación y un buen resultado». La metáfora deportiva es fácil y agradecida.
10. La caña de bambú
Para ilustrar la capacidad de resistencia del pueblo de Catalunya, Mas lo comparó con una caña de bambú, que «se dobla, el viento la puede ir torciendo, es muy flexible, no se rompe, se va inclinando, pero llega un momento en que se endereza, que se pone recta: es lo que está pasando en Catalunya». Es una imagen muy adecuada y forma parte de los consejos de libro que se dan a las personas que pasan por situaciones de estrés. Ahora bien, quizás no era necesario ir a buscar bambú a la otra punta del mundo; un junco habría servido y habría remitido al ejemplo de la mata de junco de la Crònica de Muntaner: uno a uno, los juncos se pueden arrancar con facilidad; pero la mata no se puede arrancar de golpe. Es decir: un pueblo unido no se puede destruir.
De parte del cronista, esta se la regalo, president.
(La Vanguardia, 19 de octubre de 2014)

