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Los independentistas consideran que el federalismo o la tercera via es (perdón) inviable, por gastada e improductiva. Los federalistas consideran que la independencia es inviable por lo de la colision y las incertidumbres. La naturaleza del conflicto en estado puro. Puede que todos tengan una parte de razon, pero no nos basta. La queremos toda. El conflicto se acrecienta con los autoconvencimientos y los autoengaños.

El conflicto deviene elefantiásico cuando a la discrepancia se le añaden las tristemente célebres «soluciones integrales». Cuando decidimos disparar desde la trinchera de «la verdad», herimos de muerte a la dialéctica. No son solo palabras.

La obstinación denota temor a la incertidumbre y es el miedo el que generalmente nos obceca. El miedo, la desidia y la inseguridad, impiden que reorganicemos periódicamente nuestros criterios y nuestras supuestas opiniones. Resulta que a menudo es la apatía la que nos lleva al fanatismo.

Albert Einstein dijo que «un problema irresoluble, es un problema mal planteado». Quizá, en ocasiones, el error no está en cómo se plantea el conflicto, sino en el mero hecho de plantearlo.

La cuestión es que aquí se aboga por votar con una única línea divisora: la independencia. Ni Marx, ni Weber, ni escuela de Fránkfurt, ni puñetas. Parece que aquí ocluimos todos los conflictos en un solo del que emanará la solución integral. Ni relaciones de clase, ni las tensiones propias del capitalismo. Desde esta perspectiva todos nuestros males vienen del exterior y unen a empresarios, asalariados, progres, pijos, parados, leídos y señores y sirvientes. Suerte que tienen los de arriba.

Al otro lado de la fantasía están los que fantaseamos con un Estado federal. Es un planteamiento centrípeto y de urgencia ante la pujanza del soberanismo. Es deseo unilateral de supuesto realismo político sin apenas arquitrabes y con un pésimo andamiaje. Apenas un bote salvavidas en pleno temporal. Poco más que el Reflex antes del choque de trenes.

Los unos mirando de reojo a los otros. Aquí estamos los catalanes: los unos creyendo que los otros son unos rancios y los otros pensado que los unos están trasnochados. Mientras tanto, la ultraderecha madrileña se pitorrea de todos. Aquí gusta a algunos. Aquí hay quien se retroalimenta de la caverna mediático-platónica como si no hubiese otra España. Les gusta imaginar que Catalunya será el primer país de la historia sin mierda propia y casi sin cáncer autóctono. Mientras tanto, los federalistas, temerosos del sueño soberanista… sueña que soñarás en el país federal del nunca jamás.

Dicen que votando esto se arregla. Vale, pero ¿qué, cómo y cuándo? Mira que si sale el federo-independentismo.

«El Periódico», 1 de diciembre