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Después de un verano bastante intenso y ciertamente preocupante, mirado desde muchos puntos de vista, retomamos el curso escolar y político con no pocas incertidumbres y alguna pequeña esperanza.

Ha sido un verano de incendios tanto desde el punto de vista medioambiental como desde el punto de vista más metafórico y político. Los hemos apagado, pero donde deberíamos haber visto la máxima colaboración entre políticos, los ciudadanos hemos tenido que sufrir debates estériles y embusteros. Todo esto pone de manifiesto la necesidad de desarrollar una cultura política diferente, menos enfocada hacia la lucha partidista y más hacia la escucha activa, la colaboración, la eficiencia y la construcción de una sociedad mejor. En fin, lo que la mayoría de los ciudadanos deseamos. La buena noticia es el anuncio del gobierno de una propuesta de pacto de Estado frente a la emergencia climática. La mala podría ser, como ocurre a menudo, que algunos políticos que quieren arañar votos de ciudadanos descontentos prefieran adoptar una actitud destructiva y no voten la propuesta en el Congreso de los Diputados.

En relación a Europa hemos tenido un verano horrible. No solo porque tenemos que navegar entre aguas procelosas, también por las decisiones que se han tomado ante un mundo que camina hacia la destrucción de la democracia. Europa no ha sabido moverse con dignidad ni en la defensa de lo que teóricamente serían nuestros valores. Hablamos de los acuerdos aceptando la subida de los aranceles hasta un 15%, sin obtener nada a cambio de EE.UU. y sí otros compromisos de la UE, y seguimos con la tensión. También hablamos del aumento del presupuesto en defensa de los países de la OTAN sin ninguna garantía de que se mantenga la ayuda en Ucrania. Hablamos de la falta de decisión de la UE en la defensa del pueblo palestino, sin que se haya podido tomar un acuerdo hasta ahora. En estos temas, por cierto, España ha sido de los pocos países en los que el gobierno ha mantenido una actitud digna y ha sido líder en la presentación de propuestas y la adquisición de compromisos. En cuanto a Gaza, apenas parece que la comunidad internacional empieza a moverse en la defensa de una población inerme, acorralada en un territorio pequeño, bombardeada sin piedad cuando se acerca a la cola de la comida; cuando los niños están en la escuela, cuando los sanitarios intentan ayudar a los heridos o cuando las familias duermen en las tiendas de campaña. La vuelta de tuerca es no permitir la entrada de comida ni ninguna otra ayuda humanitaria y tampoco permitir que las ONG ayuden a la gente en situación desesperada. Se mata a gente hambrienta cuando se acerca a la cola de la comida. No se trata de discutir si se trata de un genocidio según los términos aprobados por Naciones Unidas. Es la aniquilación sistemática y permanente de una población indefensa, sin ningún tipo de recurso, privada de comida y agua, sin que el agresor reciba ningún tipo de sanción. Se trata de la violación sistemática de los derechos humanos más elementales y del derecho internacional. Nos negamos a aceptar el relato de que se trata de una guerra contra Hamás. Un acto terrorista execrable, realizado por una organización, no puede transformarse en la destrucción de todo un pueblo. No se puede aceptar el relato de que las matanzas indiscriminadas en toda la población responden a la lucha contra los terroristas. Las guerras se realizan entre ejércitos armados y organizados. No es el caso y quizás ya no estemos a tiempo. El derecho del pueblo de Israel a existir no puede menoscabar el derecho del pueblo palestino a gozar de su propia existencia con la misma dignidad y garantías.

En Cataluña y en España seguimos con gobiernos débiles, pero con la determinación de gobernar. Y si en Cataluña se ha conseguido rebajar la tensión, la cosa es más complicada en el conjunto español. ¿Se aprobarán presupuestos? ¿Habrá nueva ley de financiación autonómica? ¿Qué resultará del pacto por un nuevo modelo de financiación en Cataluña? ¿Corresponsabilidad en la recaudación, además de en el gasto, avance hacia un modelo más federal o hacia uno más confederal?

Mantengámonos dispuestos y movilizados. En nuestro mundo está en juego la democracia y los derechos humanos y ciudadanos más elementales.